Editorial

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Se intensifica la guerra sucia en las campañas políticas

A prácticamente dos meses de que se lleve a cabo la elección en la que se elegirá al próximo Presidente de la República, además de Senadores, diputados federales, y en el caso del Estado de México, diputados locales y ayuntamientos, la guerra sucia se ha intensificado por todos los medios posibles.
Después del debate realizado hace una semana en el que se cruzaron acusaciones, pero donde el blanco de los ataques fue el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, el resultado no fue ni una disminución en la intención del voto del puntero, ni un aumento en las encuestas del segundo o tercer lugar, ya que todo ha seguido igual; tampoco se ha hecho mucho eco en las propuestas que se realizaron en este ejercicio democrático, las cuales en realidad fueron muy pocas. A lo que verdaderamente se le ha dado continuidad es a las denuncias que se hicieron en contra, sobretodo, del puntero, y es que, como en toda competencia, todos van en contra de quien va a la cabeza.
Y esas acusaciones son las que se han intensificado, son las que marcan la agenda política, son las que ganan los espacios en los medios de comunicación. Ya es raro ver en primeras planas de periódicos, espectaculares, spots de radio y televisión, en el transporte público y, ahora, en Internet, la figura de los candidatos, sus propuestas, sus trayectorias; ahora vemos acusaciones por propiedades no declaradas, presuntas participaciones en lavado de dinero, spots que pretenden generar miedo, llamadas a los domicilios particulares a altas horas de la noche, decenas de promocionales en el transporte público de una serie en contra del candidato puntero, grupos de golpeadores que no permiten que los candidatos entren a determinadas calles y colonias a promocionar el voto. El gasto es millonario, pero nada de propuestas.
Por eso, en los mítines de los candidatos, las plazas están llenas de militantes, simpatizantes, y acarreados. Por eso las campañas no “prenden” a los ciudadanos, quienes en realidad se han mostrado indiferentes a todo el proceso electoral y la mayoría lo sigue únicamente por los medios de comunicación.
Es momento de que la autoridad electoral levante la voz e intervenga, que en realidad asuma su papel de árbitro en este proceso, en el cual se ha visto rebasado y ha quedado como mero espectador.
Resulta increíble que los equipos de campaña no hayan entendido que lo que verdaderamente hace daño a la democracia de nuestro país, es toda esa guerra de lodo que se está mandando al electorado, la cual desalienta la participación y genera el abstencionismo.


Desangeladas campañas políticas

Llevamos ya 15 días que empezaron de manera oficial las campañas políticas a nivel federal y las controversias y la polémica únicamente se han dado en los medios de comunicación y en las redes sociales, porque los ciudadanos en realidad se han manifestado indiferentes al proceso electoral.
A apenas 15 días de campaña, y meses previos al proceso electoral, los candidatos de los diferentes partidos políticos han tenido innumerables horas de exposición en los medios de comunicación y en las redes sociales, debates, declaraciones, entrevistas, actos proselitistas con miles de acarreados, pero todo se encierra en un pequeño círculo que no ha permeado más allá a los ciudadanos, quienes realizan sus actividades cotidianas de manera normal.
En lo que respecta al Estado de México la gente se ha mostrado hasta indiferente sobre el proceso electoral. Todos los candidatos a la presidencia de la República, y al Senado han visitado las diferentes regiones de la entidad mexiquense, desde la capital Toluca, hasta los municipios que se consideran “importantes” por el número de electores como Ecatepec, Tlalnepantla, Cuautitlán Izcalli, Chimalhuacán y Tecámac, llenando foros, auditorios y plazas públicas con centenares de seguidores; sin embargo, fuera de algún comentario en el transporte público o en los restaurantes los ciudadanos de a píe, los que no tienen que ver con los partidos políticos, poco caso han hecho a las campañas.
Y ni hablar de los candidatos a diputados federales, quienes se han dedicado a recorrer las diferentes calles y comunidades de su distrito, tocan puertas, saludan a los transeúntes, realizan pequeñas reuniones en espacios públicos, llevan consigo a jóvenes entusiastas que echan porras y vivas, pero nada prende a la gente, no hay entusiasmo en las calles, no hay desbordamiento hacia los candidatos.
Aun no salen a campaña los candidatos a presidentes municipales y a diputados locales, pero por ningún lado se ve que los ciudadanos los estén esperando con ansia; si acaso, piden que ya se acaben muchos de los actuales gobiernos que han sido un verdadero terror por la inseguridad en que viven, por la carencia de obras públicas y por los servicios públicos ineficientes, pero tampoco se espera que quien llegue haga milagros.
De nada sirven los millones y millones de pesos destinados a los partidos para las campañas políticas, los ciudadanos ya están hartos de promesas y compromisos que aún firmados no han sido cumplidos; la gente está cansada de la saturación de la imagen de los diferentes candidatos: en televisión, radio, internet, en la calle, y ninguno de ellos, de ningún partido político, garantiza una respuesta para los principales problemas de sus comunidades, de ahí se entiende que el grado de abstencionismo en el país sea de más de 50 por ciento, y en algunos lamentables casos alcance el 60%.
Esperamos que en los próximos días los ciudadanos se interesen más en el proceso electoral a nivel federal y a nivel local, porque de ahí depende el futuro de nuestra nación y nuestras comunidades, sin embargo, también corresponde a los partidos y candidatos plantear estrategias innovadoras para que su mensaje llegue a los electores y que los motive a participar, ya que a ninguna democracia le sirve la poca participación electoral.


El espejismo de Morena

En el pasado proceso electoral para elegir al Gobernador del Estado de México para el periodo 2017-2023 surgió un partido que pasó de ser un simple espectador a ser un protagonista que estuvo a punto de ganar la gubernatura mexiquense por primera vez en la historia para la oposición.
Morena aglutinó a todos aquellos ciudadanos que querían un cambio en el gobiernó estatal, incluyendo panistas y priístas. Ante la estrepitosa caída de la candidata blanquiazul, Josefina Vázquez Mota; la abanderada morenista, Delina Gómez, logró captar el llamado “voto útil” de los mexiquenses.
Aunque no ganó la gubernatura del Estado de México, Morena sí fue el partido que más votos tuvo en dicha elección, y solamente fueron vencidos por los sufragios que aportaron los aliados del PRI, el Verde Ecologista de México, Nueva Alianza y Encuentro Social. Esta exitosa primera participación en unos comicios estatales dio grandes esperanzas a los morenistas de cara a la elección presidencial y a la elección local del próximo primero de julio.
Lo anterior, aunado a que su candidato a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, se mantiene al frente de las preferencias ciudadanas por un amplio margen, ha provocado que se dé por hecho que Morena será el gran triunfador en las próximas elecciones para presidentes municipales, y diputados locales en el Estado de México.
Y ese exceso de confianza tal vez sea su mayor pecado.
Al ver las enormes posibilidades de éxito de Morena, diversos actores políticos de todos los partidos han brincado en busca de alguna candidatura. Lo mismo panistas, que priístas, y perredistas (base natural de Morena) que han salido molestos de sus partidos por no haber sido tomados en cuenta para las candidaturas, corren hacia Morena para ver si ahí encuentran los espacios negados.
“Cartuchos quemados”, “chapulines”, “políticos a la baja”, y toda una serie de especímenes políticos en peligro de extinción se acercan a Morena en busca de espacios, y para ello ofrecen capital político y social que alguna vez tuvieron, pero del que actualmente carecen.
Y lo peor es que por amiguismo, compadrazgo, dinero o porque en realidad les creyeron sus cuentos, los dirigentes morenistas, encabezados por Higinio Martínez Miranda, Delfina Gómez y Horacio Duarte han impuesto candidatos provenientes de otros partidos, haciendo a un lado a la verdadera militancia, aquella que mantuvo al partido de pie en los momentos difíciles, aquella que salió a las calles a pedir el voto para Delfina Gómez, la verdadera militancia que se rifó en la calle contra policías y estructuras del partido oficial.
Esos verdaderos líderes de colonias, pueblos y fraccionamientos han sido desdeñados y humillados. Ante la inconformidad manifiesta por la llegada de arribistas, el máximo líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, tampoco los escucha y, por el contrario, los insulta y les dice que “el que quiera puestos que vaya al mercado”.

Los mismos de siempre
van a las candidaturas

¿Qué no hay nuevos cuadros en los partidos políticos? ¿Por qué siempre tienen que ir los mismos en las candidaturas?
Esa es la pregunta que se hacen los ciudadanos de los diferentes municipios del Estado de México, pero también es el cuestionamiento de todos aquellos militantes y simpatizantes de los partidos políticos, aquellos que recorren las calles en busca del voto ciudadano, esos que se parten el alma bajo la lluvia o el sol en cada campaña electoral, los mismos que son llamados en cada campaña electoral pero que después son olvidados, y que nunca, o muy pocas veces, son merecedores a una candidatura ni siquiera de regidor, mucho menos para una alcaldía o una diputación.
Y es que esos espacios están destinados para las mismas figuras de siempre, para quienes son alcaldes y pretenden reelegirse o buscar una diputación local o federal, o para los legisladores que ahora buscan una presidencia municipal o buscar una curúl en otro nivel.
También para los líderes partidistas y sus incondicionales, dirigentes de comités estatales y municipales que se reparten los huesos entre su pequeño grupo de incondicionales, y dejan migajas para la demás militancia.
Esas candidaturas también están reservadas para los líderes sindicales, obreros o transportistas, quienes tradicionalmente en las cámaras federal o estatal no sirven para legislar, por lo menos son utilizados para levantar el dedo y movilizar a sus agremiados en favor del partido político que los puso en el lugar en donde están.
Y ahora, quienes también salen beneficiados son los Juniors, quienes a pesar de su corta edad y de no contar con experiencia para legislar o gobernar son colocados en esas posiciones por ser hijos de alcaldes, legisladores, líderes obreros o partidistas. Habrá quien diga que hay que darles espacios a los jóvenes, y es verdad, pero la oportunidad debe ser para quienes se han ganado esos puestos, aquellos que han trabajado desde las bases, que han recorrido sus comunidades, colonias y distritos, quienes están en contacto directo con la gente y sus necesidades, de esos también los hay, pero nadie los ve.
Y esa ha sido la constante en las campañas de todos los partidos políticos, repartirse los cargos entre los mismos de siempre, las mimas caras y las mismas mañas, y dejan para la militancia la tarea de pedir el voto ciudadano.
Por ello, no será raro que, cansados de ver las mismas caras de siempre, la gente vote por nuevas figuras políticas, lo que resultaría interesante, porque eso provocaría que dentro de los institutos políticos haya una renovación de cuadros, de gobernantes, de legisladores.
Recordemos que no debemos permitir que nadie se eternice en el poder, porque se pierde el objetivo principal de todo cargo público: servir a la ciudadanía.


DESBANDADA DE FUNCIONARIOS
PARA BUSCAR CARGOS DE ELECCIÓN

Como sucede cada tres años, presidentes municipales, diputados locales y federales, así como funcionarios municipales, estatales y federales, síndicos, regidores y una gran cantidad de funcionarios de los tres niveles de gobierno dejan abandonados sus cargos en busca de otra aventura política que les permita vivir del presupuesto por lo menos otros tres años.
Si bien es cierto que ahora diputados y alcaldes pueden reelegirse, por lo que no será necesario que dejen sus funciones, también es cierto que no todos corrieron con la misma suerte de postularse para el mismo cargo, por lo que están en busca de las candidaturas de sus partidos para diputaciones, en el caso de los presidentes municipales, y alcaldías, en el caso de legisladores.
Lo cierto es que en todo este reacomodo de funcionarios públicos, los mexiquenses somos los que terminamos pagando el costo social, para empezar porque el sólo pensar si buscarán o no otro cargo de elección distrae a los alcaldes, regidores y legisladores de sus funciones públicas, y posteriormente, una vez que se decidieron, tienen que realizar múltiples reuniones con dirigentes de sus respectivos partidos políticos para que les den el visto bueno, y más tarde, deben consensar con los diferentes grupos políticos al interior de su partido, con la finalidad de obtener su apoyo, ¿Y qué pasó con el trabajo a favor de la ciudadanía?
Y una vez que están por inscribirse como precandidatos de sus partidos piden licencias para dejar ayuntamientos y legislaturas e ir hacia su nueva aventura política, dichos cargos son ocupados por suplentes que en la mayoría de los casos no tienen idea de cómo realizar sus funciones, por lo que se dedican a “nadar de muertito” para terminar las administraciones, eso sí cobrando los grandiosos salarios que se auto asignan los diputados y los gobiernos municipales.
Y entonces, en la mayoría de los casos los trabajos legislativos empiezan a estancarse y a ser lentos, o en su caso, los nuevos legisladores aprueban las iniciativas por encargos de su bancada sin siquiera conocer su contenido. Mientras que en los casos de los ayuntamientos, los nuevos alcaldes se dedican a concluir las obras que ya están en proceso y a brindar los mismos servicios públicos.
En el último tercio de los gobiernos no hay innovación, nadie se “avienta” a realizar obras de gran trascendencia, lo único que hacen es preparar las maletas para cerrar la cortina.
Por ello, resulta plausible que por primera vez se puedan reelegir a los presidentes municipales, ya que ello evitará que los trabajos se detengan, y será un buen ejercicio para que sean los ciudadanos los que ratifiquen a su alcalde por tener un buen desempeño, o lo castiguen por no haber cubierto sus expectativas.
Sin embargo, hacen falta más mecanismos para evitar que los procesos electorales sean sinónimo de desbandada de funcionarios públicos, y que los trabajos en los gobiernos municipales y en la legislatura local sean prácticamente de 2 años


¿Hay democracia en la política mexiquense?

Esta es la pregunta que se hacen los ciudadanos, y los militantes de a píe de los diferentes partidos políticos, la tropa, aquellos que son los que recorren las calles, los pueblos, las colonias y fraccionamientos en busca del voto, ante las imposiciones y autoritarismos de sus dirigencias estatales y municipales.
Y es que durante el presente proceso electoral, que apenas inició con el registro de los precandidatos a diferentes puestos de elección, ya estamos viendo que los “elegidos” son impuestos desde las dirigencias estatales.
No hay votaciones internas en donde participen todos los militantes, no se escucha la voz de los simpatizantes, solamente en algunos casos se mencionan supuestas encuestas que nadie conoce, pero la realidad es que las decisiones están tomadas desde las cúpulas partidistas.
Y por ello podemos ver que diversos alcaldes pretenden reelegirse, y muchos diputados locales o federales que ya tuvieron su oportunidad como alcaldes volverán a buscar las presidencias municipales, y munícipes que ahora buscarán una curul, en un “chapulineo” de cargos públicos que se ha vuelto patético y vergonzoso.
Pero ahora también llegan los Juniors, hijos de ex alcaldes o de prominentes políticos quienes buscan ganar una diputación o una alcaldía, como si los cargos públicos se heredaran, y los eternos líderes sindicales o transportistas, quienes nuevamente pelean un espacio en el Congreso de la Unión o en la legislatura local, a pesar de ser unos verdaderos parásitos que no proponen, no crean, no presentan iniciativas ni debaten en tribuna, y que su único mérito es mantener a su gremio quieto, y listo para participar en las campañas políticas.
En el PRI se decidieron por los llamados “candidatos de unidad”, y aunque existe uno que otro militante que también se inscribió para ver qué es lo que puede obtener, lo real es que el candidato será el palomeado desde el palacio de gobierno y desde el comité estatal.
Por su parte, Morena argumenta que se realizaron “encuestas” para elegir a sus coordinadores de organización municipales, quienes a la postre serán sus candidatos, lo cierto es que la militancia no sabe a quién o cuándo se realizaron esas supuestas encuestas, por lo que varias de las imposiciones que ha realizado el grupo cercano a su máximo líder, Andrés Manuel López Obrador, ha provocado el descontento de la militancia, ya que muchos de los ungidos son personajes que ya han sido alcaldes o han tenido algún otro cargo de elección en otros partidos políticos.
Ni hablar del Frente integrado por PAN-PRD-MC, donde los militantes de esos partidos políticos, y la ciudadanía en general, no terminan de entender en qué los beneficiará dicha alianza, ya que los perredistas de los municipios donde el candidato sea panista tendrán que trabajar por alguien que ni conocen ni comulga con sus ideales de izquierda, y lo mismo pasará con los panistas que tengan que pedir el voto para un perredista. En esta alianza los únicos beneficiados son los grupos que controlan ambos partidos políticos.
Y en lo que respecta a partidos como el Verde Ecologista, Nueva Alianza y Vía Radical, este último de nueva creación, tampoco se han realizado procesos democráticos para elegir a los candidatos, aunque a decir verdad, deberán estar más preocupados en mantener su registro.
Lo cierto es que, como cada 3 años, como en cada proceso electoral, la verdadera militancia no tiene voz ni voto, y tiene que aguantarse a las imposiciones de sus dirigencias… ¿Esa es democracia?